Crítica al libro “Aurora de la Revolución Socialista Internacional” de Stefan Engel y a las Posiciones del MLPD ¿Qué hay de la Revolución Internacional?

Introducción

Hace cinco años se publicó el libro de Stefan Engel “Aurora de la revolución socialista internacional”, elaborado por un colectivo de autores del que Engel es su líder. En el libro se expuso las nuevas posiciones que el Partido Marxista Leninista de Alemania (MLPD) tiene respecto de la lucha de clases internacional, que se supone son una actualización y desarrollo de la teoría de Lenin sobre el imperialismo y sus puntos de vista sobre la construcción del Partido Comunista.

Según Stefan, “se ha producido una nueva fase en el desarrollo del imperialismo”. En su opinión, las característica especiales de esta “nueva fase” son “el carácter principalmente internacional” del “modo capitalista de producción” y que éste “se encuentra sujeto a la imposición del capital financiero imperialista, mantenido por aproximadamente 500 de los más grandes supermonopolios internacionales y descansa en el poder de los países imperialista más poderosos…”. (Stefan Engel, Aurora de la revolución socialista internacional, p.9.) [Todas las notas son de la versión inglesa del libro de Stefan – nota del traductor]

Según Stefan Engel, otro rasgo de esta fase es que “la labor económica de los estados-nación cada vez está siendo absorbida por el dominio único del cartel del capital financiero internacional, los principales estados imperialistas y las organizaciones internacionales dominadas por ellos. (Ibid, pp. 9-10.)

Concluye que “La internacionalización de las fuerzas productivas inevitablemente debe dar lugar a la internacionalización de la lucha de clases y estimularla. Signos inconfundibles de este proceso ya están en pleno apogeo y pueden ser observados en todas las partes del mundo…” (Ibid, p. 12)

Todo esto es superfluo y no ha sido demostrado, especialmente en la parte económica. No se nos proporciona información para la extraña idea de “dominio único del cartel del capital financiero imperialista”. Más bien, Stefan confunde a sus lectores haciendo malabares con términos como “supermonopolios”. Pero esta palabra no tiene ningún sentido. “Monopolio” significa que el mercado está dominado por unos pocos grupos capitalistas. Entonces ¿qué sería un “supermonopolio”? Hacer algo más que dominar el mercado es imposible. Al crear dicha palabra, él aparentemente quiere decir que es algo completamente nuevo que Lenin no conoció, algo que se encuentra por sobre un monopolio. Sin embargo, ¿Qué sería eso? A parte de usar este este extraño término, Stefan no lo explica. La creación de esa palabra ¿debería tener el efecto de intimidar a los lectores e impresionarlos por la “grandeza” de su creador? Leí este libro hace cinco años y preparé una crítica. Sin embargo, pensé que los argumentos del libro eran muy pobres, y por ello en ese momento me abstuve de la tediosa tarea de escribir una crítica detallada, ya que habría tenido que pasar mucho tiempo haciéndola. Esperaba que ese modo tan superficial y obviamente incorrecto de mirar las cosas sea visto lo antes posible y que dentro de poco tiempo estuviera muerto y sepultado. Esa esperanza fue una ilusión. El MLPD hizo traducir el libro a varios idiomas y lo puso en circulación por todo el mundo, afirmando que es una ampliación y extensión del marxismo-leninismo. Así, este partido influyó en gente de muchos países y contribuyó a una mayor confusión ideológica. Por ello decidí revisar el libro para comparar sus afirmaciones con la realidad y el marxismo-leninismo.

La cuestión de los monopolios

En la introducción de su libro, Stefan ya levanta sus armas con las que le gustaría sobrepasar a Lenin:

El modo capitalista de producción ahora tiene principalmente un carácter internacional y está sujeto a la imposición del dominio único del capital financiero internacional, formado aproximadamente por los 500 supermonopolios internacionales más grandes y descansa en el poder de los países imperialistas más fuertes”. (Ibid, p.9)

¿Qué hay de nuevo en el “carácter internacional de la producción? Ya en el Manifiesto Comunista, Marx y Engels describen cómo el capital crea el mercado mundial y le subordina el mundo entero.

Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas y están destruyéndose continuamente. Son suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean materias primas nacionales, sino materias primas venidas de las más lejanas regiones del mundo, y cuyos productos no sólo se consumen en el propio país, sino en todas las partes del globo.

En lugar de las antiguas necesidades, satisfechas con productos nacionales, surgen necesidades nuevas que reclaman para su satisfacción productos de los países más apartados y de los climas más diversos. En lugar del antiguo aislamiento y la autarquía de las regiones y naciones, se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones. Y esto se refiere tanto a la producción material, como a la intelectual. La producción intelectual de una nación se convierte en patrimonio común de todas. La estrechez y el exclusivismo nacionales resultan día a día más imposibles; de las numerosas literaturas nacionales y locales se forma una literatura universal.

Merced al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones, hasta a las más bárbaras. Los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesada que derrumba todas las murallas de China y hace capitular a los bárbaros más fanáticamente hostiles a los extranjeros. Obliga a todas las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe a introducir la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. En una palabra: se forja un mundo a su imagen y semejanza.” (Manifiesto Comunista, Marx-Engels)

De una manera muy llamativa, Lenin analizó las características especiales del imperialismo, demostrándolas con hechos. ¿Qué hay de nuevo respecto a esto? Según el “análisis” de Stefan Engel, ¿cambió la contradicción fundamental del modo capitalista de producción? ¿Quiere decir que ahora la contradicción fundamental es entre “nacional” e “Internacional”? Para nosotros, la contradicción fundamental sigue siendo la que existe entre el capital y el trabajo. En vano se busca en el libro de Stefan una aclaración respecto de cuáles son sus nuevas percepciones. Tomemos los “supermonopolios” y el “dominio único del capital financiero”. ¿Qué hay de nuevo aquí? Los monopolios, mas no los extraños supermonopolios, ya fueron exhaustiva y comprensiblemente analizados por Lenin. En la introducción ya expuse mi punto de vista sobre la creación de la palabra “supermonopolios”. Y ¿qué es “el dominio único del capital financiero internacional, mantenido por aproximadamente 500 de los más grandes supermonopolios internacionales”? (Engel, Aurora…, p.9) Stefan Engel niega con vehemencia la acusación de que esto es lo mismo que el “ultra-imperialismo” inventado por el revisionista y oportunista Carlos Kautsky (más al respecto en páginas venideras). Pero, ¿qué más podría ser? Estos 500 supermonopolios ¿son un grupo que actúa en unidad y domina a los Estados? ¿Son en efecto tan todopoderosos?

Mientras que el análisis de Lenin sobre el papel de los monopolios, sus relaciones con el aparato del Estado capitalista y su poder económico es muy claro, el análisis de Stefan es impreciso. El escribe:

La labor económica de los estados-nación cada vez está siendo absorbida por el dominio único del cartel del capital financiero internacional, los principales estados imperialistas y las organizaciones internacionales dominadas por ellos. Sin embargo, los estados-nación siguen siendo indispensables para el sistema capitalista como instrumentos de poder y de gobierno para los supermonopolios que allí residen con el fin de suprimir en esos Estados la lucha de clases proletaria, e indispensables en la disputa del mercado mundial y en la lucha por la dominación mundial.” (Ibid, pp. 9-10)

Aquí usa el término “dominio único del cartel del capital financiero internacional”. Cartel significa una unión temporal de grupos de capital. De manera que tales cartels no son estables. Con frecuencia existen otros cartels en competencia con ellos. Pero Stefan tiene la osadía de decir que existe un “dominio único”. ¿Qué significa esto? ¿Qué es nuevo o mejor que el análisis de Lenin? No lo sabemos y obviamente el autor tampoco lo sabe. Recurre a formulaciones confusas. Mientras que, en su opinión, el cartel es “dominio único” y ha tomado “la labor económica de los estados-nación”, en la misma frase se retracta al decir que los estados-nación son indispensables. En lugar de un análisis real de las contradicciones hace malabares con juegos de palabras de una manera dialéctica-idealista. ¿Dónde está la evidencia? Él está equivocado.

En lugar de un cartel que en escala internacional actúa a nivel de los grandes grupos económicos, miramos, por el contrario, una aguda lucha entre ellos. Esto no es negar que, ocasionalmente, esos grupos cooperen en contra de la clase obrera. Pero esa cooperación es fugaz con la crisis del imperialismo. Se aplica también a nivel gubernamental. Las guerras en Ucrania, Siria, Irak y Afganistán demuestran claramente que sus cada vez más brutales y sangrientas luchas por el poder las resuelven el uno en contra del otro sobre las espaldas de los pueblos.

Stefan enumera ocho rasgos que alega como evidencia del “cambio cualitativo en el modo de producción”. Escribe:

1. La internacionalización del modo de producción capitalista cubre universalmente la producción, el comercio, el transporte y la comunicación.

2. Se refiere a todos los sectores de la economía.

3. Y se apoya en la internacionalización del sistema financiero.

4. También se extiende a la ciencia y cultura.

5. Ha estandarizado la formación de la mano de obra en todo el mundo y ha creado un mercado internacional del trabajo.

6. También incluye partes de la producción y reproducción de la vida humana como la asistencia sanitaria y el sistema educativo.

7. Poco a poco casi todos los países del mundo son incluidos en este proceso de producción y reproducción internacional. En los países que tenían carácter principalmente agrícola surgen centros industriales modernos. Esto se aplica principalmente en Turquía, México, Brasil, Argentina, India e Indonesia.

8. Mientras ahora la producción y reproducción se socializan a nivel internacional, la apropiación de la riqueza creada se concentra en el estrato cada vez más reducido de los propietarios y jefes de los supermonopolios internacionales. Hoy la riqueza social se origina principalmente en la producción internacionalmente organizada. (Ibid. Pgs. 127-128)

La mayoría de estas características ya fueron descritas por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista y fueron elaboradas mejor y más claramente por Lenin en su análisis del imperialismo como etapa superior del capitalismo. El libro de Stefan no da evidencias para una nueva fase de supermonopolios.

Stefan y su colectivo de autores vehementemente se resisten a ser puestos en el mismo saco de la teoría del “ultraimperialismo” de Kautsky. La organización maoísta “Trotz alledem” (“A pesar de todo”1[1]) los culpó de esto. Stefan respondió:

Comparar la observación de Lenin en su análisis del imperialismo de que la tendencia de desarrollo es hacia ‘la creación de un trust único mundial que absorba a todas las empresas y a todas las industrias sin excepción’ (Prefacio al folleto de N. Bujarin El imperialismo y la economía mundial, Lenin, Obras Escogidas, Vol. 22, p. 107) con las nociones kautskistas es absolutamente absurdo. El MLPD no hizo otra cosa que dar seguimiento a esta observación de Lenin y confirmarla con el análisis de la reorganización de la producción internacional. Los impacientes críticos del MLPD han pasado por alto que Lenin no se opone en absoluto a reconocer esta tendencia objetiva hacia un trust mundial que devore todos los Estados, pero solo se opone al punto de vista de una unificación mundial del capital nacional en la actualidad podría tener lugar bajo condiciones capitalistas.” (Ibid, p. 134)

Si uno lee el texto original de Lenin en su contexto quedará muy asombrado. Stefan descaradamente falsificó el sentido del texto de Lenin, y de una manera realmente absurda. Lenin declaró.

El razonamiento teórico abstracto puede conducir a la conclusión a la que Kautsky ha llegado por una vía un tanto diferente, pero renegando del marxismo, de que no está lejano el tiempo en que una asociación mundial de estos magnates del capital, constituyendo un trust único, ponga fin a las rivalidades y a las luchas de los capitales financieros particularizados en los distintos Estados, creando así un capital financiero unificado en el plano internacional. Tal conclusión es, sin embargo, tan arbitraria, simplista y falsa…” (Prefacio al folleto de N. Bujarin El imperialismo y la economía mundial. Lenin, Obras Escogidas, Vol. 22, p. 105)

Inmediatamente antes de este corto pasaje citado por Stefan, Lenin dice claramente:

¿Se puede, sin embargo, negar que una nueva faz del capitalismo después del imperialismo, a saber, una fase de superimperialismo, sea en abstracto concebible? No. Teóricamente puede imaginarse una faz semejante. Pero quien se atuviera en la práctica a tal concepción sería un oportunista que pretende ignorar los más graves problemas de la actualidad para soñar con problemas menos graves que se plantearían en el porvenir. En teoría, ello significa que en lugar de apoyarse en la evolución, tal como se presenta actualmente, se separa deliberadamente de ella para soñar.” (Prefacio al folleto de N. Bujarin El imperialismo y la economía mundial. Lenin, Obras Escogidas, Vol. 22, p. 107)

Stefan Engel y su colectivo de autores ciertamente doblaron el texto de Lenin de una forma “conveniente”. Admiten que basaron su análisis en una “conclusión abstracta, simplista y falsa”, que inescrupulosamente la torcieron como si fuera una “observación de Lenin”. En lo que ellos se basaron es y sigue siendo el análisis hecho por el oportunista y traidor Kautsky. Debido a que el texto de Lenin no es conveniente en su sentido, voltearon como una “observación de Lenin” lo que él describió como una conclusión “abstracta, simplista y falsa”.

Si desean sacar cualquier conclusión concreta se puede observar cuan grotesco es el “análisis” de Stefan. Si se llega a la conclusión que los supermonopolios están gobernando —lo que por supuesto implica que los Estados (gobiernos) no tienen nada más que decir— entonces él objetará: “¡Me están mal interpretando! Por supuesto que los estados-nación son indispensables”. Si se concluye, al revés, es decir, que los Estados representan un poder separado y están gobernando, entonces dirá: “¡Me están mal interpretando! Por supuesto, únicamente los 500 supermonopolios gobiernan”.

O le mandará a la página 131 de su libro, donde escribe:

Cuarto: El manejo de la crisis general se convierte en una de las principales funciones económicas del Estado”.

¿Qué es esto? Por un lado dice “La labor económica de los estados-nación está siendo absorbida cada vez más por el dominio único del cartel del capital financiero internacional” (Ibid, p. 9.)

Por otro lado dice que los Estados tienen las “principales funciones económicas”.

Clavar una tortilla a la pared es más fácil que atar a Stefan a algo.

El hecho de que esos Estados tienen una gran importancia económica se vio claramente durante la superación de la crisis bancaria en 2008. En ese tiempo, en todo el mundo se gastaron alrededor de dos billones de dólares en programas gubernamentales para estimular la actividad económica, a fin de evitar el colapso del sistema capitalista. Al mismo tiempo, únicamente en la Unión Europea, los bancos fueron salvados de la ruina a través de rescates gubernamentales de aproximadamente 1.6 billones de euros (1,600,000,000,000 €). A nivel mundial se gastó una enorme cantidad de fondos gubernamentales para permitir la sobrevivencia del sistema capitalista. Afirmar en este contexto —como lo hace Stefan Engel— que la labor económica de los estados es cada vez más absorbida por los 500 supermonopolios está muy lejos de la realidad. ¡Al contrario! Cuanto más se desarrollan el capitalismo y el imperialismo más se dirigen al desastre, se vuelven más dependientes del aparato estatal para garantizar su existencia. Incontables medidas gubernamentales como la desregulación del mercado laboral, la creación de sectores de bajos salarios, privatización de servicios públicos, reducción de impuestos sobre el capital, subsidios abiertos y ocultos, eliminación de derechos de los trabajadores y los pueblos, reducción de las pensiones y elevación de la edad para jubilarse, desmantelamiento de los programas sociales gubernamentales, todo lo cual demuestra la gran importancia económica de los estados-nación para el capital.

Si Stefan quiere defender su punto de vista con el argumento de que esto demuestra el gobierno del capital, no debería olvidar que Marx y Engels, así como Lenin, señalaron que el Estado es un instrumento de la clase dominante. Esto no es nuevo. Sin embargo, según Stefan, “la labor económica de los estados-nación” desaparecería. Los hechos demuestran que es todo lo contrario. Ninguno de los “supermonopolios” habría sido capaz de poner esas enormes sumas de dinero de ayuda gubernamental por sus propios esfuerzos. En 2011, cuando fue publicado el libro de Stefan, todos estos hechos ya eran ampliamente conocidos.

Tomemos uno de los más actualizados —de los muchos ejemplos posibles—, el escándalo de las emisiones de VW. Una pequeña agencia estadounidense expuso la manipulación en los niveles de emisión de los carros VW a diésel. ¿Podría haber hecho eso sin haber sido respaldada? Claro que no. Fue respaldada por el gobierno de los Estados Unidos y la industria automotriz de ese país.

La industria automotriz de EEUU no produce automóviles a diésel, por lo tanto, en este terreno se han fijado normas de protección ambiental muy altas con el objeto de hacer más difícil a la competencia extranjera el acceso al mercado estadounidense. Que esto no se hizo para la protección del medio ambiente puede observarse en otros campos, por ejemplo, en el fracking o en la ingeniería genética, en donde el gobierno de los Estados Unidos permite daños masivos al medio ambiente con el fin de hacer rentable el uso de esas tecnologías. Bajo el capitalismo, las normas técnicas se usan para aumentar los beneficios y luchar contra los competidores. Para esto, el capital necesita del Estado. De hecho, el Estado es indispensable y un instrumento para el dominio del capital. Con la ayuda del Estado, los niveles de emisión de diésel permitidos por la ley en los EEUU fueron fijados bajos, de modo que a los competidores extranjeros les cueste enfrentarse a ello. El grupo VW reacción manipulando el software, para tratar de simular un “diésel limpio”. Tomó mucho tiempo hasta que la pequeña agencia estadounidense pueda demostrarlo. Pero fue persistente y tuvo dinero suficiente para las costosas pruebas y fue respaldada. La revelación del escándalo costará a VW muchos billones de euros y bloqueará a ese grupo del mercado estadounidense de vehículos a diésel por un largo tiempo, debido a que hasta ahora no tiene ninguna tecnología de bajo precio para un coche a diésel “limpio”. Por lo tanto, en realidad el Estado tiene suficiente poder económico para permitir el acceso a los mercados o crear barreras para ellos.

Por cierto, el Estado alemán hizo todo lo que pudo con el propósito de mantener en Europa los niveles de emisión lo más altos posibles a fin de que, primero, VW y otros grupos fácilmente puedan hacer frente a esos niveles y, en segundo lugar, que esos permisivos niveles de emisión no sean revisados. Las pruebas de emisión son realizadas por los mismos grupos automovilísticos, es decir, el Estado les permite falsificarlas como ellos quieren. Aquí también vemos el poder económico del Estado.

Hasta ahora va muy mal. No aburriremos al lector con más ejemplos. Obviamente, los fundamentos de las opiniones de Stefan no son muy sólidos; y de semejantes bases inestables pretende extraer conclusiones de profundo significado.

Stefan Engel sobre la revolución internacional

De una manera muy prolija, Stefan Engel hace referencia a Marx, Engels, Lenin y Stalin, citándoles ampliamente. Así, en su capítulo primero, “La estrategia proletaria y el carácter internacional de la revolución socialista”, cita lo que Marx y Engels declararon en el Manifiesto Comunista:

Por su forma, aunque no por su contenido, la lucha del proletariado contra la burguesía es primeramente una lucha nacional. Es natural que el proletariado de cada país deba acabar en primer lugar con su propia burguesía.” (Manifiesto Comunista).

Luego nos dice que Marx y Engels en el inicio (de la revolución burguesa de 1848) tomaron como punto de partida de una temprana revolución proletaria en varios países, pero ellos corrigieron su punto debido debido al verdadero desarrollo histórico. Stefan necesita cinco páginas para decir esto. Tres páginas más están llenas con la afirmación de que Lenin, basado en su análisis del imperialismo, llegó a la conclusión de que es posible que la revolución será victoriosa en un solo país, pero a pesar de ello su carácter será internacional.

Nuevamente no hay nada nuevo en lo afirmado por Stefan y su colectivo de autores. En su lugar, prosigue con un método que ocupa mucho espacio en todo el libro. Las citas de textos de Lenin y de otros marxista-leninistas son sacadas de contexto con el propósito de darles cierta dirección deseada:

Lenin consideraba a la Revolución de Octubre como el inicio de la revolución internacional en contra del imperialismo. Por eso enfatizó: ‘Esta primera victoria no es aún la victoria definitiva, y nuestra Revolución de Octubre la ha conseguido con dolores y dificultades sin precedentes, con inauditos sufrimientos, con una serie de graves desaciertos y errores de nuestra parte…

Nosotros hemos empezado la obra. Poco importa saber cuándo, en qué plazo y en qué nación culminarán los proletarios esta obra. Lo esencial es que se ha roto el hielo, que se ha abierto el camino, que se ha indicado la dirección’.” (“Con motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre” Lenin, Obras Escogidas, Vol. 33, pp. 56-57), citado en: Engel, Arutora…, pp 33-34)

Aquí se da la falsa impresión de que este artículo de Lenin confirma las supuestas nuevas ideas de Stefan respecto de la revolución internacional. Esto, por cierto, también significaría que esas “nuevas ideas” no son tan nuevas. Si se lee todo el artículo de Lenin, como lo recomendamos, se verá que esto no es en absoluto su contenido. Lo que Stefan cita se ajusta a la parte en la que se presentan los méritos históricos de la Revolución de Octubre, que esta revolución demostró cómo escapar de “ese infierno” de guerras imperialistas, un infierno del cual el pueblo solo puede escapar

Lo que Stefan Engel cita se ajusta a la parte en la que se presentan los méritos históricos de la Revolución de Octubre, que esta revolución mostró cómo escapar de “ese infierno” de las guerras imperialistas, un infierno del cual la gente sólo podría escapar “por una lucha bolchevique y una revolución bolchevique” (ibid, página 56). Es normal que Stefan y su colectivo omitan el siguiente pasada entre las dos partes de su “cita”, ya que inmediatamente se habría demostrado que el texto no está en correspondencia con el tema.

¡Hubiera sido demasiado desear que un pueblo atrasado triunfase sin desaciertos y sin errores sobre las guerras imperialistas de los países más poderosos y avanzados del globo! No tememos reconocer nuestros errores y los examinaremos serenamente para aprender a corregirlos. Pero los hechos son elocuentes: por primera vez en siglos y milenios, la promesa de “responder” a la guerra entre esclavistas con la revolución de los esclavos contra todo género de esclavistas se ha cumplido hasta el fin… y se cumple contra viento y marea. Nosotros hemos empezado la obra”. (Continúa lo citado por Stefan)

Este “trabajo” está estrechamente vinculado con la revolución bolchevique, el asunto aquí es el golpe revolucionario en contra de la guerra imperialista, otro ejemplo de cómo “creativamente” Stefan Engel dobla a “su” Lenin en la forma. Pero una vez más las afirmaciones de Stefan ya están claras en las declaraciones de Marx y Engels. Nosotros luchamos por una revolución que por su forma es nacional, mientras que su contenido es internacional.

En este artículo sobre el cuarto aniversario de la Revolución de Octubre, Lenin trata, sobre todo de una manera totalmente concreta, con la realidad, las tareas prácticas en la Rusia Soviética. Incansablemente trata con los errores y defectos. Insiste en seguir adelante -con todas sus fuerzas- con la construcción del socialismo en un país (que más tarde se convirtió en la Unión Soviética). La revolución continúa siendo internacional en su contenido, nacional en su forma, como Marx y Engels ya lo analizaron. Presentamos un extracto de estas opiniones desarrolladas por Lenin.

No importa que los perros y los cerdos de la moribunda burguesía y la democracia pequeñoburguesa que los sigue nos cubran de improperios, maldiciones y burlas a montones por los desaciertos y los errores que hemos cometido al construir nuestro régimen soviético. No olvidamos un momento que, en efecto, hemos tenido y tenemos aún muchos desaciertos y errores. ¡Y cómo no íbamos a tenerlos en una obra tan nueva, nueva en toda la historia mundial, como es la de crear un tipo de régimen estatal sin precedente! Lucharemos sin cesar para corregir nuestros desaciertos y nuestros errores, para mejorar la forma en que aplicamos los principios soviéticos, que dista aún mucho, muchísimo, de ser perfecta. Pero podemos estar y estamos orgullosos de que nos haya caído en suerte la felicidad de iniciar la construcción del Estado soviético, de iniciar así una nueva época de la historia universal, la época de la dominación de una clase nueva, oprimida en todos los países capitalistas, de la clase que avanza por doquier hacia una vida nueva, hacia la victoria sobre la burguesía, hacia la dictadura del proletariado, hacia la liberación de la humanidad del yugo del capital y de las guerras imperialistas.”.” (“Con motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre” Lenin, Obras Escogidas, Vol. 33, pp. 54-55)

Este es Lenin por y a través de su texto: franco, implacable, claro, vigoroso y apremiante: Lenin es concreto y comprende las inmensas dificultades, errores y defectos; exige superarlos y construir con firmeza el socialismo en la Rusia Soviética (más tarde Unión Soviética), es decir, en un país. Inicialmente Lenin y también Stalin esperaban que la Revolución de Octubre fuera seguida por otras revoluciones en otros países y en ese sentido hablaron de una revolución internacional. Pero en este texto Lenin ya lo corrige y habla respecto de una época que inició con la revolución en Rusia y terminará con la “victoria sobre la burguesía” en todo el mundo. Por lo tanto, presiona para que la verdadera revolución tenga éxito en el marco nacional y contribuya así a una revolución internacional. La forma sigue siendo nacional. Para negar la acusación del trotskismo, que también fue hecha por la organización maoísta “Trotz alledem”, Stefan Engel vuelve a citar a Lenin:

Lenin ya reveló la estrecha relación de la revolución en un pañis con la revolución internacional:

Después de expropiar a los capitalistas y de organizar dentro de él la producción socialista, se alzaría contra el resto del mundo capitalista, atrayendo a su lado a las clases oprimidas de los demás países, levantando en ellos la insurrección contra los capitalistas, empleando, en caso necesario, incluso la fuerza de las armas contra las clases explotadoras y sus Estados’.” (La consigna de los Estados Unidos de Europa” Lenin, Obras Escogidas, Vol. 21, p.342) (En Engel, Aurora…, p. 135).

Stefan omite lo que Lenin dice inmediatamente:

Los Estados Unidos del mundo (y no de Europa) constituyen la forma estatal de unificación y libertad de las naciones, forma que nosotros relacionamos con el socialismo, mientras la victoria completa del comunismo no conduzca a la desaparición definitiva de todo Estado, incluido el Estado democrático. Sin embargo, como consigna independiente, la de los Estados Unidos del mundo dudosamente sería justa, en primer lugar, porque se funde con el socialismo y, en segundo lugar, porque podría dar pie a interpretaciones erróneas sobre la imposibilidad de la victoria del socialismo en un solo país y sobre las relaciones de este país con los demás.

El desigual desarrollo económico y político es una ley absoluta del capitalismo. De aquí se deduce que es posible que el socialismo triunfe primeramente en unos cuantos países capitalistas, o incluso en un solo país en forma aislada.”. (“La consigna de los Estados Unidos de Europa” Lenin, Obras Escogidas, Vol. 21, p.342)

Esto es está claro. Cierto es que Lenin habla aquí de la victoria mundial del socialismo y el comunismo como nuestro objetivo (a largo plazo). Pero no quiere que tales consignas universales obscurezcan las tareas concretas. Por lo tanto, se opone a los grandes slogans, pero en su lugar demanda trabajar para la revolución concreta, dondequiera y como sea posible, en uno solo país también. Además confirma que “el desigual desarrollo económico y político es una ley absoluta del capitalismo”, por lo que concluye que la victoria del socialismo “es posible primero en varios e incluso en un solo país capitalista”. Este argumento, escrito en 1915, dos años antes de la Revolución de Octubre, claramente contradice el uso de estas palabras de Lenin para apoyar el sueño dorado de una “revolución internacional”. Aquí también, Stefan Engel y su colectivo de autores omiten todas las consideraciones concretas con las que Lenin francamente trata con verdaderos problemas y dificultades y señala el camino. Pero eso no encaja con las exclamaciones idealistas de la “revolución internacional”.

En su propia defensa, en la página 136 también cita a Stalin:

En el debate con los trotskistas, Stalin también defendió inequívocamente la referencia a la revolución proletaria internacional:

El rasgo distintivo de este peligro es la falta de confianza en la revolución proletaria internacional; la falta de confianza en su victoria; el escepticismo respecto al movimiento de liberación nacional de las colonias y los países dependientes; la incomprensión de que, sin el apoyo del movimiento revolucionario de los otros países, nuestro país no podría mantenerse contra el imperialismo mundial; la incomprensión de que la victoria del socialismo en un solo país no puede ser definitiva, pues no puede estar a salvo de la intervención mientras la revolución no haya vencido en varios países, por lo menos; la incomprensión de ese requisito elemental del internacionalismo, en virtud del cual la victoria la victoria del socialismo en un solo país no es un fin en sí, sino un medio para desarrollar y apoyar la revolución en los otros países’.” (Preguntas y respuestas, discurso pronunciado en la Universidad Sverdlov, junio 9 de 1925”, Obras, Vol 7, p. 169 –las negritas y subrayado corresponden al original en el libro de Stefan, Aurora…, p. 136)

Aquí también es interesante ver lo que no es citado. Stalin se ocupa de la cuestión concreta de un participante en esa conferencia “¿Qué peligros hay de que nuestro Partido degenere como resultado de la estabilización del capitalismo, si esta estabilización dura mucho tiempo?” (Stalin, Obras, vol. 7 p. 165)

El da una lista de tres posibles peligros:

a) el peligro de perder la perspectiva socialista en la edificación en nuestro país y el liquidacionismo que de ello se deriva;

b) el peligro de perder la perspectiva revolucionaria internacional y el nacionalismo que de ello se deriva;

c) el peligro de que caiga el papel rector del Partido y, a consecuencia de ello, la posibilidad de que el Partido se convierta en un apéndice del aparato estatal. (Ibid, p. 166)

Stefan Engel cita la respuesta a la segunda pregunta, y Stalin se ocupa muy concretamente de los debates en la Unión Soviética y de las tendencias nacionalistas burguesas. Al mismo tiempo, y también de manera muy concreta, se ocupa del desarrollo desigual en el mundo y de la necesidad del internacionalismo proletario. Pero antes que nada, Stalin, como revolucionario práctico, parte de la “victoria del socialismo en un solo país”. En 1925 se acababa de ganar una guerra imperialista de intervención, con los esfuerzos más difíciles, con las batallas más duras, y sólo se había ganado con una gran solidaridad revolucionaria internacional. Pero sólo porque la posición de Stalin está firmemente basada en este hecho, sus observaciones adicionales tienen sentido: que esta victoria “no puede ser definitiva” porque “no tiene garantía contra la intervención hasta que la revolución salga victoriosa en al menos un número de países” “La victoria del socialismo en un país no es un fin en sí mismo, sino un medio para desarrollar y apoyar la revolución en otros países”. Hoy en día, ningún comunista serio niega este hecho de ninguna manera, por lo que Stefan Engel debe dar claridad sobre esto punto. Una vez más, las palabras citadas de Stalin no apoyan la concepción de Stefan Engel de “revolución internacional”.

Una vez más está claro: Stalin no soñó basándose en deseos y esperanzas abstractas, sino que vio claramente la forma nacional de las luchas sin olvidar la “perspectiva revolucionaria internacional”. Confirma el análisis de Marx y Engels en el Manifiesto Comunista en las condiciones concretas en las que el PCUS y la Unión Soviética luchaban en ese momento. No hay nada que pueda apoyar a la defensa de Stefan Engel de su nueva fase de un “dominio único del cartel del capital financiera” y sus “supermonopolios”.

Obviamente, se cita a Marx, Engels, Lenin y Stalin únicamente como obras maestras en el libro de Stefan Engel, para destacar su gloria su gloria en lugar de tratar seriamente con sus análisis verdaderos y dialéctico-materialistas. Podríamos proporcionar muchos otros ejemplos donde Engel distorsiona las citas. Si Marx, Engels, Lenin y Stalin ya confirmaron todas las tesis de Stefan Engel, entonces debemos preguntarle qué es realmente nuevo. En todos estos pasajes Stefan Engel es bastante vago, como por ejemplo en la cuestión de si el Estado todavía tiene o no poder real.

Trotsky y la Revolución Internacional

Veamos ahora a Trotsky, ya que Stefan Engel rechaza vehementemente que se le sitúe al mismo nivel que él.

En 1923, Trotsky también ve que “las fuerzas capitalistas de producción habían sobrepasado las fronteras de los Estados nacionales europeos” (citado de ¿Es apropiado el momento para la consigna: los Estados Unidos de Europa? En https://www.marxists.org /archive/trotsky/1924/ffyci-2/25b.htm). Él promueve los Estados Unidos de Europa, que fue enérgicamente desenmascarado por Lenin como imposible o reaccionario. Stefan Engel, como Trotsky, ve el “carácter predominantemente internacional” del “modo capitalista de producción”, pero en todo el mundo en vez de relacionado con Europa.

En su trabajo La Tercera Internacional después de Lenin, Trotsky escribe en 1928:

El 4 de agosto de 1914, sonaba la sentencia de muerte para los programas nacionales para siempre. El partido revolucionario del proletariado solo puede basarse en un programa internacional que corresponda al carácter de la época presente, la época del más alto desarrollo del capitalismo y su colapso.” Citado de: “¿Programa de la revolución internacional o programa del socialismo en un solo país?” en La Tercera Internacional después de Lenin, at https://www.marxists.org/archive/trotsky/1928/3rd/ti01.htm#p1-01

Para Trotsky, también, la “revolución internacional” es una frase abstracta que no existe en el contexto de la relación dialéctica concreta entre el carácter internacional y nacional de la revolución.

En el artículo anterior, Trotsky también ataca a la Internacional Comunista:

No hay justificación posible para la supresión del nuevo proyecto de programa de la consigna de los Estados Unidos Soviéticos de Europa, que había sido aceptada ya por la Internacional Comunista en 1923, después de una lucha interior bastante larga…

La manera de plantear la cuestión esbozada más arriba parte de la dinámica del proceso revolucionario, analizado en su conjunto. Se considera la revolución internacional como un proceso que posee su ligazón en el interior de sí mismo, que no puede preverse en su conjunto determinando de antemano la sucesión de todas sus fases, pero cuyos rasgos históricos generales son perfectamente claros. Sin comprender éstos, es absolutamente imposible orientarse juiciosamente en política.” (Ibid)

Destaca el carácter vago de la formulación de Trotsky. Habla de “la dinámica del proceso revolucionario, analizado en su conjunto”, sobre “los rasgos históricos generales” que no pueden ser prescindidos.

En lugar de negar que sus tesis son tomadas de Kautsky y Trotsky con citas parchadas, nos hubiera gustado que Stefan Engel de una extensa explicación de lo que él considera son sus diferencias con estas dos personas. Nosotros ¡no vemos ninguna diferencia!

Ante una crítica del periódico “Estrella Roja”, órgano del Partido Comunista de India/Marxista-Leninista (CPI/ML), Stefan Engel replica:

Cuando hablamos del carácter internacional de la revolución esto, por supuesto, no significa que, ante un mundo tan contradictorio, desigual y diferenciado, pueda tener lugar una revolución internacional homogénea. Muchos movimientos revolucionarios y revoluciones de escala y carácter variados tendrán lugar en diferentes momentos. Pero todos éstos —y éste es el punto decisivo— deben estar relacionados con el proceso de una revolución internacional. Eso es objetivamente el caso y será un hecho definitivo. El éxito de este proceso estará determinado por la cuestión de cómo los marxistas-leninistas se preparan conscientemente para esto a su debido tiempo y sacan conclusiones para su cooperación” (Stefan Engel, respuesta al periódico Red Star, 1 de julio de 2004, en: Engel, Aurora …, página 138)

Cómo se diferencia esto de Trotsky, quien dijo, en la cita antes mencionada: “La revolución internacional internacional es considerada como un proceso interconectado”.

Aquí tampoco miramos diferencias. En vez de un análisis concreto, nos alimentan con frases vagas que no nos llenan. Es una posición de total arbitrariedad, en la que Stefan Engel no se compromete con nada, absolutamente con nada.

Consejos para los partidos de todo el mundo

Nada de un carácter serio, pero una enorme confianza en sí mismo parece ser la motivación de Stefan Engel y su colectivo de autores. Provee consejo —libre de cargos y no solicitado— a gobiernos, partidos, pueblos, etc. en todo el mundo.

Así, explica a los pueblos de Vietnam, de la República Popular Democrática de Corea y de Cuba que “sólo las masas pueden crear las condiciones previas para otra revolución proletaria en una lucha democrática” (pp. 305-306). Ellos le agradecerán por esto.

Enseña a los gobiernos de Venezuela y Bolivia que “están luchando por la independencia económica, pero aún no han dado el paso decisivo de derrocar al aparato estatal, con sus múltiples dependencias de las antiguas clases explotadoras y el capital financiero internacional, por una revolución y el establecimiento de un nuevo poder popular democrático que tome el camino del socialismo” (pág 304).

Sin embargo, para evitar ser descubierto, subraya que “todos los países tienen sus peculiaridades geográficas, históricas, culturales y de otro tipo que la estrategia de la lucha por el poder debe tomar en consideración” (p 306)

En cuanto a África del Norte y los países árabes declara: “Puesto que los estados árabes en el mejor de los casos tienen limitadas democracias burguesas, pero a menudo están regidos por regímenes despóticos o fascistas, el establecimiento de un nuevo sistema antiimperialista y democrático también es necesario ahí.” (p. 311) Estas son frases baratas, que afortunadamente son gratuitas. No puede ser más que esto, porque Stefan Engel no sabe nada de las condiciones concretas en estos países y tampoco puede saberlas. Con su viaje verbal internacional de ida y vuelta quiere jugar para la galería. Al hacerlo, se pone en ridículo.

Y alegremente continúa. En Filipinas “las condiciones geográficas son importantes” (página 312). Con referencia a algunos países de África -Stefan Engel no dice a cuáles se refiere- recomienda: “En estos países, las organizaciones autogestionadas de las masas deben primero asegurar los medios de subsistencia más urgentes …” (pág. 312 )

Después de todo este buen consejo, de repente escribe: “No puede ser tarea de los marxistas-leninistas de Alemania elaborar estrategias concretas para países particulares. Esto debe ser hecho por los partidos revolucionarios locales.” (Página 312)

Con respecto a Túnez, publica una correspondencia anónima, a la que no se opone, cuyo contenido parece considerar lo suficientemente correcto e importante como para ser incluido en su libro: “En los comités revolucionarios se están celebrando debates muy intensos y muy apasionados. No hay partido o tendencia dominante en estos comités, sino gente de izquierda y revolucionarios de toda gama: socialdemócratas, anarquistas, trotskistas y los que se llaman maoístas y marxistas-leninistas. La construcción de un partido revolucionario apenas está comenzando. (Rote Fahne, N° 5, 2011, página 10)” (página 314)

Esa es una afirmación descarada. El MLPD fue invitado a la primera Conferencia legal del Partido de los Trabajadores de Túnez (POT). El MLPD conoce a este partido. Es un hecho conocido que el POT fue una fuerza líder en el derrocamiento del dictador tunecino Ben Ali. El POT es una parte activa del Frente Popular, que es la cuarta fuerza más fuerte en el parlamento tunecino, con 15 representantes. El camarada Hamma Hammami, portavoz del POT durante muchos años y ahora presidente del Frente Popular, llegó tercero en las elecciones presidenciales con el 8% de los votos. Todo el mundo sabe que en Alemania estamos lejos de tener tanta fuerza y apoyo entre la clase obrera y el pueblo. En las últimas elecciones al Parlamento Federal, en 2013, el MLPD obtuvo el 0,1% de los segundos votos (los votos para las listas de partidos, a diferencia de los primeros votos para candidatos directamente nominados o apoyados por los partidos). No queremos hacer comentarios despectivos sobre el resultado del MLPD. Otras fuerzas que a sí mismas se llaman marxista-leninistas difícilmente lograrían un mejor resultado en la actualidad. Pero esto no es motivo de arrogancia. Bajo tales circunstancias, afirmar que en Túnez “la construcción de un partido revolucionario apenas comienza” es una insolencia. Francamente hablando, uno debe avergonzarse de dar tales consejos y hacer tales “evaluaciones”.

Precisamente con una actitud tan arrogante, Stefan Engel establece las tareas que en su opinión los marxistas-leninistas deben cumplir:

1. El movimiento revolucionario proletario en los centros del sistema imperialista mundial se enfrenta a la tarea histórica de librar las batallas decisivas contra las principales fuerzas del imperialismo. Bajo la dirección de su partido revolucionario y en alianza con la intelectualidad pequeñoburguesa y las grandes masas, la clase obrera debe derrocar directamente a su propia burguesía monopolista mediante un levantamiento armado y establecer la dictadura del proletariado”. (p. 307) Cuando uno lee eso, uno queda ¡maravillado! ¡Nadie lo sabía hasta ahora! Muchas gracias al gran gurú; ¡arrodillémonos ante él! Por fin ha dejado esto claro para todos los estúpidos marxistas-leninistas. Además, es tan concreto que ¡todos los problemas existentes han sido resueltos!

Y el gurú continúa:

2. La lucha de liberación antiimperialista en los países neocolonialmente dependientes y oprimidos tiene el objetivo de derrocar al gobierno subordinado al imperialismo y de aplastar la máquina del Estado neocolonial para lograr la independencia del imperialismo.” (pág. 307)

Ya podemos escuchar todos los gritos y vítores de los países dependientes y oprimidos frente a tan profunda sabiduría. Pero pensamos que esto es una expresión de la arrogante actitud neocolonialista de Stefan Engel, tal vez cree que todas las demás personas son tan estúpidas que tienen que ir a su escuela.

4. En los antiguos países neocoloniales que aspiran al poder imperialista, como India, Brasil y Corea del Sur, la revolución internacional debe resolver contradicciones particulares y por lo tanto tiene un carácter particular ….

Es posible que una guerra popular temporal de los pueblos indígenas o las masas campesinas rurales acompañe el levantamiento armado en los centros” (pp. 309-310; en la edición alemana dice “denkbar”, que ha sido traducido como “posible”, pero también puede traducirse como “pensable”, “imaginable”.)

Aquí, también, debemos estar inmensamente agradecidos. ¿Quién hubiera pensado que existían contradicciones particulares? ¡Y muchas cosas son “pensables”! Es también pensable que no necesitamos tal charla pues no contiene nada, sino frases sin sentido. ¿Cómo puede alguien asumir el favor de todo el mundo con lo que es “pensable” en su cerebro? Y hay otra pieza de la sabiduría de Stefan Engel: “Si la revolución falla, el revolucionario debe retirarse” (p.321).

Stefan Engel plantea las tareas de los partidos marxistas-leninistas de los países industriales para conquistar al proletariado industrial. ¡Eso es nuevo! ¡Todos hemos esperado eso! Por supuesto, él tiene un consejo más grande para nosotros:

1. Propagación del socialismo científico (…)

2. Agitación y propaganda entre los trabajadores y las masas populares y ayuda en todos los problemas prácticos de la vida cotidiana (…)

“3. Promoción de organizaciones ueberparteilich2[2] de autogestión de las masas para la lucha en nombre de sus intereses más importantes …

4. La preparación y conducción de las luchas deben estar relacionadas con la agitación y la propaganda marxista-leninista. Las luchas por las preocupaciones económicas deben combinarse con huelgas y manifestaciones políticas y convertirse en una lucha política contra el gobierno. De esta manera, esa luchas por las reformas pueden ser usadas como una escuela práctica de la lucha de clases, lo cual es idéntico a hacer frente a las influencias del modo de pensar pequeñoburgués. En la situación de transición de la lucha de clases nacional a internacional, todas las luchas deben ser utilizadas para promover una conciencia internacionalista y para organizar la solidaridad internacional.

Estas cuatro tareas fundamentales —la unidad dialéctica de la agitación, la propaganda y la organización, el partido y las masas, la lucha nacional y el compromiso internacionalista— deben orientarse hacia la tarea estratégica central de conquistar a la mayoría decisiva del proletariado industrial internacional, de su centro con conciencia de clase y por esta razón siempre debe combinar la estrategia y la táctica proletaria con la estrategia y la táctica en la lucha por el modo de pensar.” (pp. 332-334, negrita en el original)

Es increíble que cualquiera tenga la audacia de tratar a partidos y organizaciones marxistas-leninistas como estudiantes de primer año en una escuela de aldea, y en letras negritas para difundirlas como grandes ideas de su profundo análisis. Sin este gran gurú, ¿quién habría pensado hacer propaganda y agitación, difundir el socialismo científico, ayudar a las masas a organizarse a promover el internacionalismo proletario? Es asombroso que cualquiera sea tan atrevido para presentarse como un gurú neocolonial, para tener su libro traducido a varios idiomas y distribuido por todo el mundo.

Después de eso, Stefan Engel advierte:

El análisis concreto y sistemático de la situación concreta es vital para los marxistas-leninistas a fin de adaptarse a los cambios del mundo a su debido tiempo, reconocerlos y evaluarlos correctamente y unificar su estrategia y táctica concretas con los partidos y organizaciones revolucionarias el mundo”. (pp. 511-512)

Estaría bien si finalmente lo proporcionara. En cambio, recibimos páginas de listas de fenómenos y una y otra vez evasivos consejos, que podría ser de esta manera, pero también podría ser de otra manera. Y finalmente podemos crear “la unidad dialéctica de la agitación, la propaganda y la organización, del partido y de las masas, de la lucha nacional y del compromiso internacionalista” (página 334). Para nosotros esto no dice nada.

No queremos atormentar a los lectores con más incontables “pedazos de consejos”. Si alguien los necesita, pueden leer todo el libro.

¿Todas las cosas internacionales?

El libro de Stefan Engel termina con el llamamiento:

Adelante con la revolución socialista internacional!

¡Avanzar a los estados socialistas unidos del mundo!” (P.570)

Finaliza: “Con la estrategia y la táctica de la revolución internacional están en condiciones de unir las luchas de liberación social y nacional que se producen en todo el mundo en un poderoso diluvio que derribe todas las barreras de la vieja sociedad” (p. 569)

Aparte de su mencionado “consejo”, no nos dice lo que quiere decir con esto. Recordemos una vez más el comentario de Lenin que ya hemos citado:

Sin embargo, como consigna independiente, la de los Estados Unidos del mundo dudosamente sería justa, en primer lugar, porque se funde con el socialismo y, en segundo lugar, porque podría dar pie a interpretaciones erróneas sobre la imposibilidad de la victoria del socialismo en un solo país y sobre las relaciones de este país con los demás.”. (“La consigna de los Estados Unidos de Europa” Lenin, Obras Escogidas, Vol. 21, p.342)

Stefan Engel ya invocó la internacionalización de la producción, de la clase dominante, pero también del proletariado. Escribe:

En el proceso de la división internacional del trabajo y a nivel de los sistemas internacionales de producción, en los últimos decenios se ha desarrollado un proletariado industrial internacional. Hoy es la fuerza que puede y debe ir a la cabeza de la lucha internacional contra el imperialismo y por el socialismo” (p.18).

La internacionalización de las fuerzas productivas inevitablemente debe conducir a la internacionalización de la lucha de clases y estimularla. Signos inconfundibles de que este proceso ya está en pleno apogeo pueden observarse en todas partes del mundo…” (p.12)

Pero la línea de desarrollo a comienzos del siglo XXI es clara: la tendencia principal en el mundo es la preparación de la revolución socialista internacional” (p.13).

La tendencia a la crisis general del imperialismo se ha desarrollado de manera universal. (…) Constituyen el fundamento material general para la emergencia de una crisis mundial revolucionaria, la condición objetiva y subjetiva para la maduración de la revolución socialista internacional” (p.18).

Es un hecho que las condiciones para la clase trabajadora en diferentes países se han desarrollado de manera diferente. Por ejemplo: la situación de la clase obrera en Grecia no puede compararse con la de Alemania. Y cuando miramos a la clase obrera india o argentina vemos que las diferencias son aún más drásticas. Podemos tomar cualquier país para ver que las diferencias están creciendo. Desde el punto de vista materialista, esto en realidad conduce a una competencia más aguda dentro de la clase obrera. Por supuesto, ¡la solidaridad internacional trabaja en contra de esto! Pero esto ha existido desde los tiempos de Marx y Engels. ¿Qué hay de nuevo aquí?

Incluso debemos notar que las diferencias se han vuelto aún mayores. Ya en 1915, Lenin escribió: “El desigual desarrollo económico y político es una ley absoluta del capitalismo”. (Lenin, Sobre la consigna de los Estados Unidos de Europa, Colección de Obras, Vol. 21, p. 342)

Tomemos como ejemplo la llamada “Primavera Árabe”. En Túnez, donde este proceso tuvo su comienzo, existió un fuerte Partido Comunista, una clase obrera militante y fuerzas progresistas dentro del pueblo. Fueron capaces tanto de perseguir al dictador Ben Ali como de impedir una dictadura islamista. En Egipto, este proceso fue diferente. Si bien hubo un fuerte movimiento progresista, carecía de una fuerte fuerza revolucionaria. Aunque el pueblo pudo derribar al dictador Mubarak, el imperialismo inicialmente pudo establecer un gobierno islámico bajo el presidente Mursi, que poco después, cuando los islamistas ya no eran necesarios, fue derrocado por un golpe militar y una dictadura militar se estableció nuevamente. En Libia y Siria, el imperialismo aprovechó las protestas iniciales para, con la ayuda de fuerzas islámicas reaccionarias y bandas terroristas, luchar en contra gobiernos inaceptables para ellos. Por lo tanto, las condiciones, el rumbo y los resultados son extremadamente diferentes. Lenin siempre explicó estas dificultades en detalle, mientras que Stefan Engel evita esto.

Pero tomó precauciones para estar a salvo. Por un lado transmite grandes consignas, mientras que por otro lado también afirma lo contrario, cubriéndose así contra cualquier cambio. También dice:

Las condiciones concretas para la lucha de clases proletaria difieren mucho de un país a otro, porque la internacionalización de la producción capitalista también ha dado lugar a la intensificación del desarrollo desigual del capitalismo. Nunca antes el peso de las diferentes potencias imperialistas o de los bloques de poder se desplazó tan rápidamente, las grandes poderes y alianzas se quedaron rezagadas o han ganado un nuevo predominio tan dramáticamente. En el reflujo y el flujo de estas fuerzas relativas cambiantes, las contradicciones sociales dentro de los países y a veces incluso el cambio de carácter de estos países.” (p.340) (La palabra alemana “Gewoge” se ha traducido aquí como “reflujo y flujo”; significa “olas tempestuosas”, es decir, “cambios rápidos”.)

La reorganización de la producción capitalista internacional intensificó aún más el desarrollo desigual de los países neocoloniales” (p.490).

Como ya se ha dicho: es más fácil clavar una tortilla en la pared que atar a Stefan Engel a algo concreto en las “olas tempestuosas” de su pensamiento.

Y una vez más, debemos recordar a Trotsky, a quien ya citamos arriba:

La manera de plantear la cuestión esbozada más arriba parte de la dinámica del proceso revolucionario, analizado en su conjunto. Se considera la revolución internacional como un proceso que posee su ligazón en el interior de sí mismo, que no puede preverse en su conjunto determinando de antemano la sucesión de todas sus fases, pero cuyos rasgos históricos generales son perfectamente claros. Sin comprender éstos, es absolutamente imposible orientarse juiciosamente en política.” (Citado en https://www.marxists.org/archive/trotsky/1928/3rd/ti01.htm#p1-01)

En lugar de “olas tempestuosas” aquí encontramos “dinamismo”, en ambos casos el significado es vago. No podemos ver ninguna diferencia en sus posiciones.

Es similar con una tendencia a la izquierda, descubierta por Stefan Engel. Con referencia a Alemania en los años 2004-2005, escribe:

Se desarrolló una tendencia a la izquierda entre las masas que se opusieron cada vez más no sólo a los gestores de los monopolios con ganancias y poder, sino también al sistema de ganancias y al capitalismo en su conjunto.

La tendencia hacia la izquierda es un fenómeno internacional que ocurre en diferentes formas y características diferentes. Significa la transición a una etapa cualitativamente nueva en el desarrollo de la conciencia de clase, un desarrollo definido hacia la transición a la conciencia socialista” (p.214).

En la página 155 habla de una “tendencia mundial a la izquierda”.

A pesar de todas las diferencias existentes en los distintos países, la conciencia de clase ha despertado a gran escala y una tendencia universal a la izquierda ha surgido entre las masas”.

Una vez más, esto ha sido muy simplemente reunido. En realidad, vemos desarrollos muy diferentes en cada país. Mientras que en Francia los trabajadores y los jóvenes luchan en las calles contra la nueva ley laboral, las precarias condiciones de trabajo y los bajos salarios, el racista y reaccionario Frente Nacional obtuvo muy altos resultados electorales de los estratos atrasados. En Alemania, la racista, reaccionaria Alternativa para Alemania (AfD), un partido con muchos miembros fascistas, obtuvo grandes resultados electorales, lamentablemente, sobre todo de parte de la clase trabajadora. En algunos estados de Europa del Este como los países bálticos, Hungría, Polonia, etc., las fuerzas más reaccionarias forman los gobiernos. Y esas tendencias ya eran conocidas hace cinco años. En lugar de un estudio concreto, en el libro de Stefan Engel ¡no hay nada más que frases! Trotsky ya luchó con tales frases contra la construcción del socialismo en la URSS.

Uniendo en un sistema de dependencias y de contradicciones países y continentes que han alcanzado grados diferentes de evolución, aproximando los diversos niveles de su desenvolvimiento y alejándolos inmediatamente después, oponiendo implacablemente todos los países entre sí, la economía mundial se ha convertido en una realidad poderosa que domina la de los diversos países y continentes. Este solo hecho fundamental da un carácter profundamente realista a la idea del partido comunista mundial.” (La Tercera Internacional Después de Lenin, en https://www.marxists.org/archive/trotsky/1928/3rd/ti01.htm#p1- 01

Estas frases son igualmente vagas, como son las de Stefan Engel. La común del libro “Aurora de la Revolución Socialista Internacional” es la confusión, escapa a utopías bastante espirituales en lugar de ocuparse de las realidades de la lucha de clases. Tales frases idealistas no tienen nada que ver con el marxismo.

El juicio de Lenin sobre las fantasías de Kautsky y el daño que causaron también se aplican aquí:

Pero quien se atuviera en la práctica a tal concepción sería un oportunista que pretende ignorar los más graves problemas de la actualidad para soñar con problemas menos graves que se plantearían en el porvenir. En teoría, ello significa que en lugar de apoyarse en la evolución, tal como se presenta actualmente, se separa deliberadamente de ella para soñar (“Prefacio al Folleto de N. Bukharin, Imperialismo y Economía Mundial”, Lenin, Obras Recopiladas, Vol. 22, p.107)

Observaciones finales

Durante muchos años hemos cooperado en la lucha de clases en muchos lugares con compañeros del MLPD, por ejemplo en empresas y sindicatos, en la lucha contra el fascismo y la guerra y contra los recortes sociales. A pesar de nuestras críticas, continuaremos con esta cooperación. Creemos que es necesario crear un frente común contra el capital. Nuestra crítica no se limita a Stefan Engel y su colectivo de autores. Durante mucho tiempo hemos observado que las fuerzas que se reivindican como comunistas o marxistas-leninistas con frecuencia usan las obras de Marx, Engels, Lenin y Stalin como una caja de recambios de las que toman lo que les conviene. Todo el mundo tiene una opinión ya formada, una hipótesis, un “análisis” y luego busca citas para usarlas como escudo contra cualquier crítica o como “evidencia”. Eso no es marxismo, es algo extremadamente superficial y un signo de bancarrota intelectual. El marxismo-leninismo es una ciencia. Las citas, independientemente de quién son, no son evidencia. La evidencia debe ser tomada de la realidad. Ese era el método de Marx, Engels, Lenin y Stalin. Y ese debe ser el método de todos los marxista-leninistas. Cuando estudiamos las obras de Marx, Engels, Lenin y Stalin no lo hacemos para adornarnos con ellas, sino para comprenderlos, asimilarlos y utilizarlos para un análisis dialéctico, materialista e histórico de nuestra situación y para avanzar hacia la revolución socialista.

Niels Clasen

Organización para la Construcción del Partido Comunista Obrero de Alemania

1 Esta es una cita de Karl Liebknecht, en la que destacó que a pesar de la derrota de la revolución proletaria en Alemania en 1919, tenemos que continuar nuestra lucha para derrocar el poder burgués.

2 Ueberparteilich – literalmente: arriba del partido – significa trabajar juntos en la igualdad, sobre la base de la lucha, por objetivos comunes, sin tener en cuenta la afiliación partidaria – nota del traductor.) (Nota en la edición inglesa del libro de Stefan Engel. la palabra alemana “ueberparteilich” es: “no partidista” o “superior a la parte”.)

La actualidad de El Capital después de 150 años

El Capital, la obra maestra de Carlos Marx, fundador del socialismo científico, tiene 150 años. El análisis realizado en el primer volumen de este trabajo, que fue el único volumen publicado en vida, ha sido validado por la experiencia histórica de estos 150 años y ha sido una guía única para entender el mundo en que vivimos.

En El Capital, Marx estableció las relaciones y fuerzas fundamentales que están ocultas por las manifestaciones superficiales del capitalismo, formuló “la ley económica del desarrollo de la sociedad moderna” y proporcionó una base científica para la acción de la clase obrera moderna, sepulturera del capitalismo.

En este trabajo, donde reunió los resultados madurados de sus largos estudios sobre economía política, Marx desnudó la formación del capitalismo, las condiciones de su existencia y las dinámicas que inevitablemente llevan a su colapso.

En este sentido, El Capital continuará siendo un trabajo actual y válido mientras exista el capitalismo. Además, la perspectiva oscura del mundo que amenaza el futuro de la humanidad hace aún más necesaria la lectura y la discusión de esta obra.

A medida que la economía mundial sigue amenazada por el estancamiento y la inestabilidad tras la crisis del capitalismo en 2008, a medida que nos enfrentamos a muchos otros problemas como la creciente explotación y agudización de la rivalidad imperialista, la pobreza, el hambre y la guerra en el mundo subdesarrollado, la crisis de los migrantes, el surgimiento del fascismo y otras ideologías reaccionarias, la crisis ecológica, etc. El Capital es, en la actualidad, una guía muy importante para comprender el mundo que nos rodea.

En el 2017 no sólo se conmemora 150 años de El Capital, sino también el centenario de la primera revolución de la clase obrera en la historia dirigida por los marxistas de Rusia que siguieron el camino de El Capital. Estos aniversarios están tan estrechamente interconectados que no se los puede evaluar por separado. Rusia fue el primer país donde esta gran obra fue completamente traducida en 1872. Los 3000 ejemplares de esa traducción se agotaron rápidamente y se debatieron ampliamente entre los intelectuales rusos. Este interés se debió, en parte, a las particulares condiciones históricas e intelectuales de Rusia. Sin embargo, lo que es más importante, en un país en el que el capitalismo se estaba desarrollando, El Capital era leído y debatido para comprender el curso del desarrollo histórico, no solo debido al poder intelectual de esta obra sino también a su función real: cambiar el mundo de una manera consciente.

Información general sobre El Capital

Aunque el primer volumen de El Capital fue publicado en 1867 reunió los importantes resultados de largos años de estudios en economía política, constituye solo una parte del análisis científico de la sociedad burguesa. Marx escribió las notas del proyecto que más tarde se convertirían en el segundo y tercer volumen de El Capital a mediados de la década de los 1860, antes de la finalización del primer volumen. Estas notas fueron reunidas y preparadas para posteriormente ser publicadas por su camarada y amigo íntimo, Federico Engels. En 1885 Engels publicó el segundo volumen sobre el proceso de circulación de capitales con el subtítulo “El proceso global de la producción capitalista”, y en 1894 el tercer volumen que se centraba en los mecanismos básicos del funcionamiento práctico del capitalismo. No fue hasta la década de 1950 cuando Teorías de la plusvalía, también conocido como cuarto volumen de El Capital, un análisis crítico de la enorme literatura de la Economía incluida en El Capital fue impresa en su totalidad.

Lo que también puede considerarse como parte de El Capital son los manuscritos de Marx de 1857-1858, sobre temas que él pensó que debían incluirse en esta obra o en una más amplia. Estos manuscritos fueron publicados en alemán por el Instituto Marx-Engels en 1939-41 con el título Grundrisse der Kritik der Politischen Ökonomie. La Contribución a la Crítica de la Economía Política publicada en 1859 fue una importante obra complementaria a El Capital, aunque Marx dijo que el contenido de ésta se hallaba cubierto en el primer volumen del mismo. De hecho, el esquema que Marx preveía para el estudio de la economía política era mucho más amplio que lo que existía en El Capital. En su borrador, en 1857, afirma que analizaría la Economía Política en los siguientes seis capítulos: Capital, Propiedad de la tierra, Trabajo asalariado, Estado, Comercio Exterior, Mercado Mundial y Crisis. Los tres primeros títulos fueron cubiertos en orden diferente en los tres volúmenes de El Capital. Sin embargo, no vivió para completar sus trabajos sobre los tres temas restantes. Aún así, el análisis y método de investigación que Marx propuso en El Capital nos dejó un suficiente punto de partida para el estudio de esos temas.

El Capital va con el subtítulo Crítica de la Economía Política. Este es un tema que Marx tenía interés desde cuando en su juventud estaba orientado hacia el comunismo: “Una crítica despiadada de todo lo existente”[1][1]. El programa de crítica que Marx propuso para la emancipación humana, centrado inicialmente en la crítica de la religión, el derecho, la teoría del Estado y la filosofía, en parte se debió a su formación intelectual. Como principal comentarista de Rheinische Zeitung en 1842-43, su atención se centró en los problemas económicos debido a los debates en el Parlamento del Estado del Rin sobre la silvicultura ilegal, la desintegración de la propiedad de la tierra, el libre comercio y el proteccionismo.

Inmerso en los problemas económicos, Marx llegó a la conclusión de que “tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino que, por el contrario, radican en las condiciones materiales de vida cuyo conjunto resume Hegel siguiendo el precedente de los ingleses y franceses del siglo XVIII, bajo el nombre de ‘sociedad civil’, y que la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la economía política”.[2][2]

En su famoso prefacio a Contribución a la Crítica de la Economía Política, publicado en 1859, Marx resumió el método materialista histórico que había alcanzado como resultado de sus estudios. En este prefacio afirma que la fuente del movimiento que provoca el cambio social debe ser buscada en las relaciones materiales de producción que son independientes de la voluntad, la conciencia y las intenciones de los hombres, y son estas relaciones las que las determinan. Las relaciones materiales de producción corresponden a un nivel dado de desarrollo de las fuerzas de producción. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social.

Según Marx, la historia social se basa en el hecho de que se suceden formas sociales específicas, en donde los fenómenos sociales están interconectados en un orden coherente de relaciones internas.[3][3] Para entender el cambio es necesario aplicar la dialéctica en la historia, la ciencia de las correlaciones, el movimiento y el desarrollo. Debajo de las diferentes formas sociales de la historia se encuentran diferentes modos de producción que expresan la unidad dialéctica entre las relaciones materiales de producción y las fuerzas productivas. La transición de un modo de producción a otro es el resultado de las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones materiales de producción. Estas contradicciones se manifiestan en forma de luchas de clase y son los motores del cambio histórico. Por lo tanto, desde la aparición de las clases, “La historia de toda sociedad que ha existido hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases”[4][4]. Según Marx, las sociedades de Europa occidental, donde el capitalismo nació como un modo específico de producción, pasaron por las etapas del comunismo primitivo, la esclavitud y el feudalismo respectivamente. El capitalismo surgió de la matriz del feudalismo; basado en el método dialéctico, Marx efectúa en El Capital un análisis orgánico e histórico de este específico modo de producción. Concretizó el método materialista dialéctico e histórico en el análisis del capitalismo y planteó la necesidad de superar las contradicciones internas del capitalismo a través de la revolución política y social.

El método y la arquitectura de El Capital

Como El Capital pretende estudiar la formación del capitalismo y las condiciones para su existencia y colapso, contiene un análisis detallado del cambio histórico, así como una abstracción de las relaciones cambiantes. Sobre este asunto, Marx expresa su gratitud a la dialéctica hegeliana. “La mistificación sufrida por la dialéctica en las manos de Hegel, no quita nada al hecho de que él haya sido el primero en exponer, en toda su amplitud y con toda conciencia, las formas generales de su movimiento. En Hegel la dialéctica anda cabeza abajo. Es preciso ponerla sobre sus pies para descubrir el grano racional encubierto bajo la corteza mística”[5][5].

El principal punto de partida de Marx es que el cambio no es independiente de las cosas, y que uno debe investigar cómo, cuándo y hacia qué dirección se produce el cambio. En El Capital, meticulosamente  presenta los métodos salvajes del proceso de formación del capitalismo, que los describe como acumulación primitiva de capital; las luchas por la regulación de las fábricas en Gran Bretaña y, haciendo referencia a los informes oficiales, Marx no solo revela las terribles condiciones de trabajo de los trabajadores, sino que también hace una conexión con un análisis sintético de las relaciones en que se basa el modo de producción capitalista.

En los Grundrisse, en el capítulo titulado El método de la Economía Política, Marx expresa su método de estudiar la Economía Política como el método de pasar de lo abstracto a lo concreto. Según él, “para analizar las formas económicas, no se puede utilizar ni el microscopio ni los reactivos químicos. La capacidad de abstracción ha de suplir a ambos”[6][6]. Este método requiere un estudio que utilice una serie de abstracciones a fin de pasar de la apariencia a la esencia, de lo concreto real a lo concreto construido en la mente. La materia es el punto de partida para la abstracción utilizada en El Capital. Esto se debe a que “en la sociedad burguesa, la forma mercancía del producto del trabajo o la forma valor de la mercancía son formas económicas celulares”[7][7].

En El Capital, Marx comienza con un análisis bastante abstracto de la mercancía y desarrolla categorías como valor de uso, valor de cambio, el dinero como forma de valor, la plusvalía y la acumulación de capital. En cada etapa de abstracción, sobre la base de las conexiones inherentes y las contradicciones de cada categoría, se eleva a categorías más complicadas. Por ejemplo, a partir de la relación contradictoria entre el valor de uso de las mercancías y su valor de cambio, deriva las características del dinero y, sobre la base de la misma contradicción, señala la inevitabilidad de las crisis capitalistas.

Los capítulos de los volúmenes de El Capital también muestra cómo Marx procede de una abstracción a otra. En el volumen I vemos un análisis del capital en general. Haciendo una completa abstracción de la diferenciación interna del capital y de los sistemas de precios en el mercado, Marx se centra en la relación entre capital y trabajo asalariado, la relación fundamental que permite la existencia del capitalismo. Sostiene que la explotación de la plusvalía es la base de la acumulación de capital que permite la reproducción del capitalismo y que esta explotación se materializa controlando el proceso del trabajo a través de la realización de la plusvalía absoluta y relativa.

Pasando de este análisis del capital en general en el Volumen I, vemos el análisis del área de circulación del capital y su proceso de reproducción en el Volumen II. Y, en el volumen III, vemos el paso del nivel del capital en general al nivel de muchos capitales y un análisis del funcionamiento del capitalismo en su realidad concreta. Aquí se analiza la conversión de la plusvalía en ganancia y de la tasa de plusvalía en la tasa de ganancia, la equiparación de la tasa de ganancia como resultado de la competencia entre capitalistas, la tendencia de la tasa de ganancia a caer, la transformación de la plusvalía en beneficio, interés y renta y el mecanismo de crédito.

El análisis del capital en consecutivos niveles de abstracción, en diferentes volúmenes de El Capital, significa que las categorías económicas se transforman continuamente. Por ejemplo, la plusvalía que en el Volumen I se discute en un nivel de abstracción del capital en general, se transforma en categorías como beneficio e interés en el contexto de capitales singulares en el Volumen III. Del mismo modo, el concepto de valor que aparece en el Volumen I aparece en forma de precios de producción en el Volumen III.

Crítica de la Economía Política en El capital

En su artículo Las tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo, escrito por Lenin en 1913, afirma que la doctrina de Marx surgió como la continuación directa e inmediata de las enseñanzas de los más grandes representantes de la filosofía, la Economía Política y el socialismo y que es  legítima sucesora de lo mejor que el hombre produjo en el siglo XIX, representado por la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés. A la luz de esta evaluación general, se puede decir que Marx, con la guía del método dialéctico de la tradición de la filosofía crítica clásica alemana, hizo un análisis crítico del capitalismo sobre la base del fundamento teórico que la economía política inglesa había producido y trató de establecer cómo lograr el comunismo moderno, producto de la tradición socialista francesa, a través de la acción consciente de la clase obrera y por qué esto es necesario según las leyes del movimiento del capitalismo.

La crítica de la sociedad burguesa que Marx desarrolló en El Capital se basa en los fundamentos teóricos planteados por la economía política clásica inglesa representada por las obras de Adam Smith y David Ricardo. Aunque la economía política clásica fue desarrollada principalmente por los pensadores ingleses, la contribución de la escuela fisiocrática francesa fue elogiada por Marx y tuvo un importante papel que desempeñar. Marx avanzó consistentemente en la economía política clásica y formuló la teoría del valor del trabajo y la teoría de la plusvalía. En este sentido, Marx es a la vez un crítico de la economía política clásica y su último gran representante.

Marx es el que primero utilizó y puso en la literatura científica el concepto de economía política clásica. Afirma que empezó con William Petty en Gran Bretaña y Pierre Boisguilbert en Francia, en el siglo XVII, y que terminó en el primer cuarto del siglo XIX en estos países con David Ricardo y Sismondi respectivamente[8][8]. En El Capital expresa la idea principal detrás de esta afirmación:

“Para decirlo de una vez por todas, advertiré que yo entiendo por economía política clásica toda la economía que, desde W. Petty, investiga la concatenación interna del régimen burgués de producción, a diferencia de la economía vulgar, que no sabe más que hurgar en las concatenaciones aparentes, cuidándose tan sólo de explicar y hacer gratos los fenómenos más abultados, si se nos permite la frase, y mascando hasta convertirlos en papilla para el uso doméstico de la burguesía los materiales suministrados por la economía científica desde mucho tiempo atrás, y que por lo demás se contenta con sistematizar, de manera pedante y proclamar como verdades eternas las ideas banales y engreídas que los agentes del régimen burgués de producción se forman acerca de su mundo, como el mejor de los mundos posibles”[9][9]

El carácter científico de la Economía Política que señala Marx se desarrolló sobre dos pilares a partir de la segunda mitad del siglo XVII. La primera es la teoría del valor del trabajo como principio regulador del sistema de precios en el mercado y para la distribución; y, la segunda es la búsqueda de las condiciones de la reproducción económica. En la economía política clásica, la teoría del valor del trabajo se desarrolló principalmente en Inglaterra, mientras que las innovaciones teóricas en la reproducción económica fueron materializadas principalmente por pensadores franceses. Estos dos pilares constituyen la hoja de ruta para el posterior desarrollo de la economía política científica. La economía política clásica aborda la vida económica sobre la base de las relaciones entre las tres principales clases de la sociedad capitalista: los capitalistas, la clase trabajadora y los terratenientes. Trata de explicar cómo se determinan los ingresos de estas tres clases en forma de ganancia, salario y renta,  respectivamente, y las relaciones entre ellas. Sin embargo, al hacerlo, como en el caso de Ricardo, “toma conscientemente como punto de partida de su investigación el antagonismo de los intereses de clase, del salario y la ganancia, de la ganancia y la renta del suelo, considerando ingenuamente este antagonismo como una ley natural de la vida social”[10][10].

Según Marx, los éxitos científicos de la economía política clásica se derivan, en gran medida, de la posición progresista y crítica de la burguesía, que recogió los intereses de todas las clases sociales durante su lucha por el poder en contra del feudalismo y sus clases remanentes. La filosofía de la iluminación (ilustración) fue el principal resorte intelectual de esta escuela. Los filósofos ilustrados consideraban la sociedad de mercado y sus relaciones como la condición fundamental para el progreso humano y de la civilización contra las ideas dogmáticas religiosas, las tradiciones y las relaciones de esclavitud de la sociedad feudal. Para ellos, una sociedad de mercado basada en relaciones contractuales, era crucial para el desarrollo de las fuerzas productivas, el desarrollo material e intelectual de la sociedad, las libertades individuales y la igualdad ante la ley. Esta perspectiva condujo a la perpetuación de las relaciones de mercado y a la comprensión de que las instituciones del mercado eran la forma racional del orden natural. Así, toda la historia pre-capitalista fue considerada como un progreso hacia el orden natural del mercado y las leyes de la sociedad burguesa fueron expresadas como leyes eternas que regulan la actividad productiva de los hombres. En este marco, el individualismo y la competencia que se derivan de la forma competitiva de las relaciones de mercado se atribuyeron a la naturaleza humana.

La crítica más importante de la economía política efectuada por Marx es el hecho de que estos filósofos ignoraron el carácter histórico de las relaciones capitalistas. Generalizando la concepción del individuo libre que tomaron prestada de la filosofía de la Ilustración, los principales filósofos de la economía política clásica ignoraron los diferentes órdenes sociales en los que se organizó la producción y trataron las categorías específicas del capitalismo como universales y eternas. Como dice Engels:

“Las condiciones en las cuales producen e intercambian productos los hombres son diversas de un país a otro, y en cada país lo son de una generación a otra. La Economía Política no puede, por tanto, ser la misma para todos los países y para todas las épocas históricas. Desde el arco y la flecha, el cuchillo de piedra y el excepcional intercambio y tráfico de bienes del salvaje hasta la máquina de vapor de mil caballos, el telar mecánico, los ferrocarriles y el Banco de Inglaterra, hay una distancia gigantesca. Los habitantes de la Tierra del Fuego no han llegado a la producción masiva ni al comercio mundial, del mismo modo que tampoco conocen la “pelota” con las letras de cambio ni los cracks bolsísticos. El que quisiera reducir la economía de la Tierra del Fuego a las mismas leyes que rigen la de la Inglaterra actual no conseguiría, evidentemente, obtener con ello sino los lugares comunes más triviales. La Economía Política es, por tanto, esencialmente una ciencia histórica. Esa ciencia trata una materia histórica, lo que quiere decir una materia en constante cambio; estudia por de pronto las leyes especiales de cada particular nivel de desarrollo de la producción y el intercambio, y sólo cuando haya completado esta investigación podrá establecer las pocas leyes generales que son válidas para la producción y el intercambio en general”.[11][11]

Debido a su consideración de las instituciones y las relaciones innatas al capitalismo como una ley natural, la tradición de la economía política clásica, en conjunto, deliberadamente ignoró las características fundamentales de las instituciones que definen el capitalismo. Así, considera al capital no como relaciones sociales que permiten la realización de ganancias para la clase capitalista, subyugando a los mismos productores a su propio desarrollo, sino como instrumentos y maquinaria que ayudan a realizar un proceso general de producción universalmente válido. Del mismo modo, la propiedad privada capitalista de los medios de producción se trata en el marco de una definición universal de propiedad, de tal manera que abarque a todas las formas diferentes de propiedad. Por ejemplo, la propiedad de un pequeño productor de la tierra, trabajada por toda la familia en una economía campesina, o el arco y la flecha del cazador en una sociedad de cazadores-recolectores es tratada igual que la propiedad capitalista. Este tipo de comprensión de la propiedad, construida únicamente sobre la base de las apariencias del capitalismo, desempeñó un papel significativo para justificar el capitalismo.

Habiendo dejado a un lado las características distintivas de la producción capitalista, y eternalizándola, la tradición de la economía política clásica dio vuelta, inevitablemente, a las relaciones de intercambio como base principal de su análisis. Y esta es una perspectiva muy funcional en términos de justificación del capitalismo. Esto se debe a que el intercambio es una actividad voluntaria que tiene lugar entre individuos libres e iguales, y se basa en el beneficio mutuo. Mientras permanezca en esta esfera es inevitable producir resultados “en igualdad de condiciones”. Marx expresa la ilusión de igualdad y libertad que genera esta esfera de intercambio:

“La órbita de la circulación o del cambio de mercancías, dentro de cuyas fronteras se desarrolla la compra y la venta de la fuerza de trabajo, era, en realidad, el verdadero paraíso de los derechos del hombre. Dentro de estos linderos, sólo reinan la libertad, la igualdad, la propiedad, y Bentham. La libertad, pues el comprador y el vendedor de una mercancía, v. gr. de la fuerza de trabajo, no obedecen a más ley que la de su libre voluntad. Contratan como hombres libres e iguales ante la ley. El contrato es el resultado final en que sus voluntades cobran una expresión jurídica común. La igualdad, pues compradores y vendedores sólo contratan como poseedores de mercancías, cambiando equivalente por equivalente. La propiedad, pues cada cual dispone y solamente puede disponer de lo que es suyo. Y Bentham, pues a cuantos intervienen en estos actos sólo los mueve su interés. La única fuerza que los une y los pone en relación es la fuerza de su egoísmo, de su provecho personal, de su interés privado. Precisamente por eso, porque cada cual cuida solamente de si y ninguno vela por los demás, contribuyen todos ellos, gracias a una armonía preestablecida de las cosas o bajo los auspicios de una providencia omniastuta, a realizar la obra de su provecho mutuo, de su conveniencia colectiva, de su interés social.”[12][12]

En el momento en que dejamos la esfera del intercambio, que produce la ilusión de “igualdad” y “libertad”, las mismas personas asumen caracteres diferentes:

“El otrora poseedor de dinero abre la marcha como capitalista, el poseedor de fuerza de trabajo lo sigue como su obrero; el uno, significativamente, sonríe con ínfulas y avanza impetuoso; el otro lo hace con recelo, reluctante, como el que ha llevado al mercado su propio pellejo y no puede esperar sino una cosa: que se lo curtan”.[13][13]

Aunque la tradición de la economía política clásica declaró a las relaciones sociales burguesas como universalmente válidas, hasta los años 1830 construyó una ciencia económica que investigaba las actuales relaciones de producción en la sociedad burguesa en la lucha que emprendió contra la vieja estructura social. Los pensadores fundadores de la economía política clásica, como Adam Smith y David Ricardo, consideraron el desarrollo de las fuerzas productivas como una condición principal para el progreso, e hicieron su análisis con la inquietud del avance de las fuerzas productivas, sin la preocupación de justificar los intereses estrechos de la burguesía. Esto les permitió abordar las relaciones de la sociedad burguesa con la objetividad científica.

El limitado carácter científico de la economía política clásica comenzó a retroceder a medida que la lucha de la burguesía por el poder contra la tradicional aristocracia en Europa Occidental se hizo exitosa. La ingenua lealtad al progreso de las fuerzas productivas fue reemplazada por la preocupación por la justificación de los estrechos intereses de la burguesía que se organizaba como clase dominante. La literatura de la Economía Política, tras la muerte de Ricardo en 1823, se volvió menos científica y superficial, defendiendo los estrechos y cotidianos intereses de la clase capitalista y encontrando excusas en su favor. Marx calificó a esta Economía Política como vulgar. Habiendo negado la teoría del valor del trabajo, esta escuela abrió el camino a la escuela marginalista que sentó las bases de la economía burguesa moderna.

El Capital y la economía burguesa moderna

El Capital fue recibido con una conspiración de silencio por la prensa alemana y los círculos académicos cuando fue publicado por primera vez en Alemania en 1867. No hay nada que sorprenda de este silencio, pues, era un libro de aguda crítica científica del capitalismo, lleno de ingeniosas exposiciones de pseudo-científicas tesis de una vulgar economía académica.

El Capital era leído y discutido por los círculos de los trabajadores alemanes avanzados, pero, para darle a conocer a los círculos más amplios, Engels escribió una reseña desde un punto de vista burgués, cambiando su estilo, y pidió a sus amigos escribir comentarios similares para obtener más cobertura de la prensa alemana. A pesar de esto, los círculos económicos alemanes oficiales ignoraron esta obra hasta 1880s.

Para entonces, la economía burguesa se hallaba en vísperas de una transformación fundamental a la que había sido arrastrada para proteger los intereses de clase de la burguesía. Incluso en la década de 1830, después de la muerte de Ricardo, la economía política científica comenzó a convertirse en defensora de los intereses inmediatos de la burguesía. La economía política clásica, que fue producto del período progresista de la burguesía, en aquellos años comenzó a considerarse como una carga peligrosa e innecesaria, especialmente por las consecuencias lógicas que implicaba la teoría del valor del trabajo.

Como resultado de que en la segunda mitad del siglo XIX la burguesía dejó de ser la clase progresista de toda Europa y se organizó como una clase hegemónica en cooperación con los restos del antiguo régimen y la aparición del capitalismo monopolista debido a la tendencia del capital a concentrarse y centralizarse, avivó el abandono de la economía política clásica que analizó la economía sobre la base de la existencia de clases opuestas y sus contradicciones. Era el momento de liberar a la economía política de la lucha de clases y de crear una nueva ciencia de acuerdo con los intereses de clase de la burguesía.

En relación con esta búsqueda, las obras publicadas en los años 1870 en Gran Bretaña, Austria y Francia por Stanley Jevons, Carl Menger y Leon Walras respectivamente y casi de manera simultánea, terminaron por destruir a la economía política clásica. Lo que estos economistas tenían en común era que asignaban el concepto de utilidad marginal como su punto de partida y que trataban de explicar el proceso económico en su conjunto sobre la base de una relación psicológica entre los hombres y las mercancías en el proceso de intercambio. Esta escuela se llamó marginalista y sentó las bases de un nuevo enfoque económico, abandonando por completo el marco de la economía política clásica que se basaba en la teoría del valor del trabajo y definía el valor de acuerdo con un valor de uso subjetivo.

Con el fin de construir una ciencia mecánica que pudiera obtener un reconocimiento universal, ubicó a las relaciones que las personas establecen en el proceso de producción e intercambio, las instituciones y la historia completamente fuera de la Economía Política. Los fundadores del marginalismo declararon que estos factores pertenecían a la esfera normativa y alegaron que, sobre la base del principio de utilidad y de interés privado, formaron una economía positiva basada en el análisis del proceso de intercambio de mercancías. Así, utilizando los instrumentos del positivismo del siglo XIX, convirtieron el análisis del intercambio basado en suposiciones utilitarias con respecto a la naturaleza humana en realidades naturales universales. Como resultado de esta nueva línea de pensamiento, a finales del siglo XIX, el término economía vino a reemplazar a la economía política. Por lo tanto, es muy significativo que El Capital haya sido publicado en este momento en que la economía burguesa abandonó todo lo científico y comenzó a adoptar una serie de dogmas pseudo-científicos y escolásticos.

La economía burguesa era consciente de El Capital pero continuaba ignorándolo. Sin embargo, sus representantes de alto calibre intelectual no se abstuvieron de hacer justicia a Marx. Por ejemplo, refiriéndose a la idea de Nassau Senior de que la fuente de ganancia se debía a la abstinencia del capitalista, opinión que Marx ridiculizaba implacablemente en El Capital, Alfred Marshall, que consideraba a Marx como “un pensador tendencioso que había malinterpretado maliciosamente a Ricardo”[14][14], dijo lo siguiente en sus Principios de Economía, donde expuso los fundamentos de la moderna economía académica:

“Karl Marx y sus seguidores han encontrado mucha diversión al considerar la acumulación de riquezas como resultado de la abstinencia del barón Rothschild, que la contrastan con la extravagancia de un trabajador que alimenta a una familia de siete en siete chelines a la semana; y que, aprovechando todos sus ingresos, no practica ninguna abstinencia económica”[15][15].

Tales ejemplos son excepciones. Fue Eugen Böhm von Bawerk, un economista austríaco, quien por primera vez expresó su descontento sobre el poder y la influencia de El Capital. En su libro El fin del sistema marxista (Zum Abschluss des Marxschen Systems) publicado en 1896, Böhm Bawerk afirmó que había incoherencias entre el primero y el tercer volumen de El Capital, que mientras en el primer volumen se hablaba de valores más que de precios, en el tercero se trataba de precios de producción, lo que demostraba la ausencia de fundamento del análisis en El Capital.

Esta crítica no tiene valor por dos razones. En primer lugar, Marx había completado el esbozo del Volumen 3 antes de la publicación del Volumen 1. No es posible que un investigador tan meticuloso como Marx no sea consciente de este problema. En segundo lugar, como hemos tratado de explicar antes, Marx discutió el funcionamiento del capitalismo en diferentes niveles de abstracción en estos dos volúmenes. Por lo tanto, no es un problema de inconsistencia que Marx no se diera cuenta, sino una falta de comprensión por parte de Böhm Bawerk.

Böhm Bawerk tuvo que escribir su crítica después de la publicación del Volumen 3 de El Capital en 1895, lo que demuestra lo poderoso que era el marxismo en ese período. En ese año, Böhm Bawerk era el Secretario del Tesoro en Austria, cargo que mantuvo con intervalos hasta 1904. Su libro, que da un “golpe mortal” a El Capital, fue rápidamente traducido al ruso y luego al inglés bajo el título Karl Marx y el fin de su  sistema. Durante los años de la Guerra Fría el libro volvió a ser popular en un esfuerzo por probar las inconsistencias de El Capital. En la década de 1960, en este libro se basaron los debates sobre la “cuestión de la transformación”, en los que participaron economistas marxistas, así como gurús de la economía burguesa, como el ganador del Premio Nobel Paul Samuelson.

Se puede decir que la economía burguesa tenía dos posiciones diferentes pero interconectadas sobre El Capital. La primera refleja el odio que proviene directamente del instinto de clase burgués. Por ejemplo, John Maynard Keynes, uno de los nombres más influyentes de la economía burguesa en el siglo XX, expresa lo siguiente en su artículo Una visión corta de Rusia, escrito en 1925 después de una visita a la URSS:

“¿Cómo puedo aceptar una doctrina que establece como su Biblia, por encima y más allá de la crítica, un obsoleto libro económico que sé que no sólo es científicamente erróneo sino sin interés ni aplicación para el mundo moderno? ¿Cómo puedo adoptar un credo que, prefiriendo el barro al pez, exalta al proletariado grosero por encima del burgués y de los intelectuales que, cualesquiera que sean sus defectos, son la sal de vida y llevan en sí las semillas de todo progreso humano?”[16][16]

El artículo de Keynes está lleno de insultos similares. Según él, el marxismo arrastra a la gente a sueños sin esperanza, creando emoción similar a los himnos y escrituras religiosas. A pesar de sus ásperas opiniones sobre el marxismo, Keynes no trató de “negar” a Marx, se concentró en reconstruir las  bases “realistas” de la economía burguesa para la reorganización del capitalismo contra la doble amenaza de la Gran Depresión y los logros socialistas en la URSS. Por otra parte, con la confianza y la flexibilidad de ser un miembro de élite de la clásica tradición liberal de la política británica, Keynes fue instrumental en mantener  en la Universidad de Cambridge un marxista como Maurice Dobb y a Piero Sraffa, quien no escondió su simpatía por el marxismo y que también era amigo cercano de Antonio Gramsci.

Los miembros liberales reaccionarios de la Escuela Austriaca fueron los más significativos representantes de la posición hostil y doctrinaria contra Marx y El Capital. En la década de 1920 Ludvig von Mises lanzó un ataque contra la crítica del marxismo al capitalismo. A finales de la década de 1930 este ataque se intensificó con pensadores neoliberales que se unieron al Coloquio Walter Lippmann. Los neoliberales que asistieron a esta conferencia, como Friedrich Hayek, hicieron todo lo posible para refutar a El Capital y erradicar la influencia intelectual del marxismo frente a la amenaza planteada por la Unión Soviética. Después de esta conferencia, la Sociedad Mont Pelerin fue fundada en 1947 bajo la dirección de Hayek y reforzada por figuras como Milton Friedman y Karl Popper. Ésta se convirtió en el centro de una organizada actividad de negación de las teorías económicas y sociales del marxismo.

La segunda posición contra El Capital parecía admitir el poder intelectual de Marx y trató de romper el análisis crítico del capitalismo en El Capital —desde sus conexiones fundamentales— y reconciliarlo con las escuelas burguesas de pensamiento. Esta tendencia comenzó con los esfuerzos de los marxistas legales rusos, influidos principalmente por las ideas reformistas de los representantes de la Segunda Internacional, como Bernstein y Kautsky, para reconciliar con las categorías de la economía burguesa algunos temas teóricos planteados en El Capital y, a lo largo del siglo XX, continuar adoptando diferentes formas.

En el mundo académico del siglo XX, aunque con una base crítica, muchas escuelas o debates sobre el marxismo alrededor de diferentes aspectos del capitalismo llevan los signos de esta tendencia conciliadora. Keynesianismo de izquierda, economía de Sraffian, marxismo analítico, escuela de la dependencia, escuela de la regulación, teoría del sistema-mundo, estructuralismo, socialismo de mercado, nuevo imperialismo, etc. muchas escuelas y discusiones desempeñaron un papel significativo para deformar el análisis crítico de Marx sobre el capitalismo y vaciarlo de su esencia. Por supuesto, en la academia también hay investigadores que tratan de entender el mundo moderno de una manera creativa, a la luz de la riqueza teórica que se exhibió en El Capital. Sin embargo, son muy limitados en número y en términos de su influencia.

Hay que reflexionar sobre el hecho de que una obra gigantesca como El Capital solamente podría encontrar lugar en el mundo académico pasando por el prisma de las diferentes escuelas burguesas de economía. Hay dos razones para eso. En primer lugar, en una academia bajo el reinado del positivismo, que obstaculiza la comprensión de la realidad compartimentando la experiencia social en áreas aisladas, no es fácil entender una obra como El Capital, que no se basa en secciones interdisciplinares, donde la totalidad de los avances registrados en la humanidad se muestran con un ojo crítico. Las diferenciaciones interdisciplinarias institucionalizadas en la academia y una práctica docente que va a la par dificultan el alcance de un punto de vista sano y sistemático que se muestra en El Capital.

La segunda y más importante razón para que El Capital no sea leído y discutido ampliamente en el mundo intelectual es el hecho de que la economía burguesa acertó en el mensaje de El Capital: que la hegemonía burguesa se basa en la explotación de la plusvalía. Así, de alguna manera la economía debe oscurecer esta realidad. Por esta razón, mientras que en otros ámbitos de las ciencias sociales se permitió que las ideas “radicales” fueran expuestas y tengan lugar en los programas educativos, siempre que permanecieran en los parámetros académicos, en el ámbito económico la esencia del currículo pseudocientífico impulsado por el positivismo vulgar del último cuarto del siglo XIX no cambió, por el contrario se hizo más técnico e incluso ignoró la realidad empírica.

A nivel universitario, el contenido del estudio de la economía está determinado por los economistas que trabajan en las universidades más elitistas de los Estados Unidos, que al mismo tiempo tienen posiciones directivas y deciden los programas de instituciones imperialistas como el FMI y el Banco Mundial y además trabajan como consultores en prominentes instituciones del capital financiero como Goldman Sachs.

Los programas de investigación y las obras teóricas en el campo económico son establecidos por los representantes de élite de esta tradición y a través de instrumentos tales como los premios Nobel, entregados  principalmente a aquellos economistas que hacen investigación que responde a las actuales necesidades del capitalismo. Una gran mayoría de los fundadores y más tarde gerentes de la Sociedad Mont Pelerin fueron galardonados con el Premio Nobel de Ciencias Económicas.

En resumen, la burguesía monopoliza el conocimiento en el campo económico. Debido a esta hegemonía ideológica, la retórica de los “requerimientos de la economía”, que no sirve más que para obscurecer la naturaleza real del capitalismo, es fácilmente aceptada entre los obreros y los intelectuales progresistas.

Para que la clase obrera asuma en su conjunto la lucha contra los ataques capitalistas dirigidos contra sí misma y contra la humanidad, esta hegemonía tiene que ser quebrantada. Por esta razón, es una tarea urgente leer y discutir Capital en su 150 aniversario.

Partido del Trabajo de Turquía (EMEP)

Agosto de 2017

[1]         Carta de Marx a Ruge, 1843.

[2]         Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política. 1859.

[3]         El Capital, Tomo I. Epilogo a la segunda edición alemana.

[4]         Manifiesto Comunista.

[5]         K. Marx: “El Capital” Epílogo a la primera edición.

[6]         El Capital, Tomo I, Prefacio a la Primera edición alemana.

[7]         El Capital, Tomo I, Prefacio a la primera edición alemana.

[8]         Contribución a la crítica de la Economía Política.

[9]         El Capital, Tomo I.

[10]        El Capital. Tomo I. Palabras finales a la segunda edición alemana.

[11]        Anti-Dühring.

[12]        El Capital. Tomo I.

[13]        El Capital. Tomo I.

[14]        Maurice Dobb, Theories of Value and Distribution Since Adam Smith, London, Cambridge University Press, 1973, p.141.

[15]        E.K. Hunt & Mark Lautzenheiser, History of Economic Thought, New York, M.E. Sharpe, 2011, p. 289.

[16]        John M. Keynes, Ensayos de Persuasión, New York, W. W. Norton & Company, 1963.

El arte revolucionario, arte de masas y forma específica de la lucha de clases

. En el actual período social de la historia, por la agudeza, la violencia y la profundidad que ofrece la lucha de clases, el espíritu revolucionario congénito del artista no puede eludir, como esencia temática de sus creaciones, los problemas sociales, políticos y económicos. Estos problemas se plantean hoy con amplitud y exasperación tales en el mundo entero, que penetran e invaden en forma irresistible, la vida y la conciencia del más solitario de los eremitas. La sensibilidad del artista, sensible por excelencia y por propia definición, no puede sustraerse a ellos. No está en nuestras manos dejar de tomar parte en el conflicto, de uno y otro lado de los combatientes. Decir, pues arte y, más aún, arte revolucionario, equivale a decir arte clasista, arte de lucha de clases. Artista revolucionario en arte, implica artista revolucionario en política.

2. ¿De qué lado se halla hoy el frente revolucionario en la lucha de clases? ¿En qué clase social están encarnados el movimiento, la idea y la fuerza revolucionaria de la historia? Supongo que nadie osará suponerlos encarnados en el frente capitalista en la clase burguesa. La revolución social está fecundándose con la sangre y las batallas de la clase proletaria, y el frente que en la lucha de clases lo encarna, no es otro que el frente bolchevique, vanguardia de las masas trabajadoras.El puesto de combate del artista revolucionario está, por consiguiente, en las filas proletarias, en los rangos bolcheviques, entre las masas laboriosas.

Siendo el arte revolucionario, forma específica de la lucha de clases y arte de masas, ¿cuáles deber ser el punto de partida, la forma, el contenido y los fines sociales de la obra de arte?

a)El punto de partida de la obra de arte revolucionaria deben constituirlo las posiciones estratégicas y tácticas que, en el decurso de la lucha de clases, tome según los trances y virajes que impongan las circunstancias de cada momento, la clase proletaria mundial. O en otros términos: la obra de arte ha de situarse siempre en la más reciente peripecia de la lucha y debe partir de las necesidades e intereses del día de esta lucha. De Aquí queel artista o escritor debe seguir íntimamente y de cerca las directivas y consignas del Partido Comunista y estar al tanto, hora por hora, de los acontecimientos.

b) La forma del arte revolucionario debe ser lo más directa, simple y descarnada posible. Un realismo implacable.Elaboración mínima. La emoción ha de buscarse por el camino más corto y a quema-ropa. Arte de primer plano. Fobia a la media tinta y al matiz. Todo crudo, -ángulos y no curvas, pero pesado, bárbaro, brutal, como en las trincheras.

c) El contenido de la obra de arte debe ser un contenido de masas.La sorda aspiración, la turbulencia, el frenesí solidario, las flaquezas y los ímpetus, las luces y las sombras de la conciencia clasista, el vaivén de los individuos dentro de las multitudes, los potenciales frustrados y los heroísmos, los triunfos y las vigilias, los pasos y las caídas, las experiencias y las enseñanzas de cada jornada, en fin, todas las formas, lagunas, faltas, aciertos y vicios de las masas en sus luchas revolucionarias. Al efecto,es necesario crear y desenvolver una vasta red de organismos y contactos de arte revolucionario entre los rangos proletarios, como son, entre otros, los corresponsales de fábricas, corresponsales campesinos, el control, el control obrero en las secciones nacionales de la UIRE, en los órganos de prensa y en las editoriales revolucionarias, los círculos obreros y campesinos de lecturas, las “Camisas azules” teatrales, la crítica de masas, los clubs obreros, las exposiciones del pequeño artesanado campesino y proletario, las academias ambulantes, las brigadas de artistas y escritores en las organizaciones de los trabajadores, en las trincheras de las guerras civiles, etc., etc.

d)Los fines concretos e inmediatos del arte revolucionario varían, según las necesidades cambiantes del momento. No hay que olvidar que el público de este arte es múltiple. La masa aún no radicaliza y que forma en las filas del fascismo o del anarco-sindicalismo y hasta de los partidos de izquierda burguesía y la propia alta burguesía. Una táctica fina, hábil, aguda y dúctil hay que observar en este terreno, ya que el objetivo práctico de la obra artística o literaria depende de los medios que se empleen para cada público y según las necesidades del instante. Tratándose, por ejemplo, de la burguesía en general,el fin revolucionario se realiza atacando a muerte o persuadiendo. “Los compañeros de ruta” –de que habla Romain Rolland-no se pueden suscitar ni atraer sino en un terreno de franca cordialidad. Y ya sabemos los grandes servicios que estos artistas e intelectuales liberales o simpatizantes de la causa proletaria, aportan al movimiento revolucionario, cuando, como en muchos casos, no acaban radicalizándose y hasta proletarizándose. Sabemos, por último, que la mayoría de los miembros de la “Unión Internacional de Escritores revolucionarios” la integran actualmente “les compagnons de route” (Compañeros de viaje)

*Artículo extraído del libro “El Arte y la Revolución” de César Vallejo